
Un vaquero con artritis
El reloj decía que faltaban quince minutos para las seis de la mañana
y aunque Carlota llamaba insistentemente a su hijo Tomi, para que se
despertara, este parecía, sin embargo, dormir profundamente.

El reloj decía que faltaban quince minutos para las seis de la mañana
y aunque Carlota llamaba insistentemente a su hijo Tomi, para que se
despertara, este parecía, sin embargo, dormir profundamente.